Anclad@s en el: ¡es qué eso va a ser muy difícil!

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¿Y quién dice que nada sea fácil?

Reconozco que cuando creo en algo me apasiono con facilidad y que cuando hablo de ello la mayoría de las personas con las que interactúo me ven como un ingenuo que cree en cambios imposibles.

Pero eso es lo que creen ell@s, porque la verdad es que soy muy consciente de la realidad en la que vivo… mejor dicho, la realidad en la que vivimos la mayoría; sin embargo, hace años decidí que la mejor opción para mí es ser un “ingenuo soñador con los pies en la tierra”, y creer que los cambios son posibles si se pone el empeño necesario, porque sabes qué, que se producen, pero claro, no será mañana y posiblemente tampoco pasado mañana y quizás tampoco dentro de un par de años, pero de lo que sí puedes estar seguro es de que no se producirán nunca si te mantienes anclad@ en el: ¡es que eso va a ser muy difícil!

Cuando hablo con alguien sobre cualquier proyecto y ese alguien me pone esa excusa, me entra una “mala leche controlada” que no te puedes imaginar, porque ya sé que cualquier proyecto o cambio de actitud es muy difícil y visto lo visto a la mayoría les resulta difícil hasta pensar en ello, porque ¿para qué hacer nada? Si tal y como están las cosas ya me va bien o el esfuerzo no merece la pena.

Hace poco (como continuación de una conversación inacabada, en la que le dije que, desde mi modesta opinión, él no tenía desarrolladas la empatía y la inteligencia emocional) hablaba con un magnífico y veterano profesional sobre la importancia de la automotivación, la empatía y la inteligencia emocional en su trabajo o en cualquiera y durante el desarrollo de la misma, llegamos a un punto en el que surgió la maldita excusa y en este caso él se justificaba, en que a su edad era muy complicado cambiar y claro, “se me subió la bilirrubina” y le pregunté: ¿es que piensas morirte dentro de un rato?

Se sonrió y me dijo ¡no hombre, que exagerao eres! Continuamos la charla y en unos pocos segundos encontramos dos cosas de su personalidad que no le gustaban desde que era muy joven y que, por culpa de la maldita excusa, aún no había resuelto estando a las puertas de su jubilación, fue entonces cuando le demostré que tenía motivos suficientes y más que de sobra, para levantarse cada día con una enorme motivación para resolver aquello que no le gusta y que en ocasiones le hace perder el control de sus emociones y por ende, su empatía e inteligencia emocional.

“Pero que nadie piense que esto es exclusivo de las personas más veteranas, que ya nos vamos conociendo… ¿verdad que sí departamentos de RRHH?”

Ayer sin ir más lejos mantuve dos conversaciones muy interesantes con dos personas muy distintas y mucho más jóvenes que este veterano profesional. La primera tenía unos 20 años menos que él y la segunda, más o menos, unos 40 menos.

La primera está intentando reorientar su carrera profesional (es algo más joven que yo y por lo tanto tiene los mismo problemas que los +40 en cuanto a la búsqueda de empleo se refiere) y durante la conversación, y a cada nueva propuesta que le hacía sobre actividades a realizar para ponerse en marcha en la búsqueda de empleo, me respondía con “la maldita excusa” y claro, “se me subía la bilirrubina” y como no estaba siendo todo lo sincera que debía, se vio, empujada por mi pasión, obligada a reconocer que el verdadero problema era que estaba agotada de luchar, a lo que le propuse que, para no agotarse, dejase de esconderse tras “la maldita excusa” y simplemente se pusiese en marcha sin esperar nada a corto plazo, pero que se pusiese manos a la obra.

Unos minutos más tarde me encontré con unos veinteañeros que conozco muy bien, no puede ser de otra manera ya que son mis compñer@s de clase, y mientras esperábamos a nuestra tutora (era el día de recogida de notas, pronto te enseñaré las mías), hicimos un repaso del curso y de cuál ha sido el resultado para cada un@ (aunque aún no teníamos el documento oficial tod@s sabíamos nuestros resultados) y claro, por lo que por mi edad represento para ell@s, much@s buscan en mí el alago y el consejo y en ocasiones, demasiadas, el consuelo para justificar sus malos resultados, aunque saben que soy bastante duro e intransigente, sobre todo, en lo que se refiere a poner excusas, ya que saben perfectamente que tengo claro que los resultados son la simple consecuencia del empeño por conseguirlos y sobre todo cuando solo depende de ti.

Sin embargo, un@ de ell@s me dijo que quizás la diferencia entre mis resultados y los suyos, era que como a mí me gustaba lo que estudiamos me resultaba más fácil, a lo que yo le respondí que no debe cometer el error de compararse conmigo, porque aunque se supone que su capacidad y rapidez de aprendizaje es mayor que la mía (insisto, solo se supone), debe tener en cuenta que por mi edad y sobre todo por mis responsabilidades, mi compromiso es mucho mayor que el suyo.

Dicho esto y como si de su padre se tratase, es decir, “con bronca educativa”, le recordé algunas de las conversaciones que mantuvimos a principio de curso sobre lo que yo opinaba de lo que decía, en cuanto a la dificultad que algunas de las asignaturas que hemos cursado tenían y sobre todo, como se justificaba continuamente para no cumplir con sus responsabilidades haciendo uso de “la maldita excusa”, cada vez que algún profesor proponía alguna actividad para mejorar nuestra formación.

Moraleja:

¿Tienes algo mejor que hacer que ponerte en marcha y dejar de lamentarte?

Saludos y se feliz.

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2 comentarios en “Anclad@s en el: ¡es qué eso va a ser muy difícil!

  1. lo de lamentarse es mirar hacia atras , lei una historia dealguien que salia de una tremenda catastrofe y quizo ver lo que dejaba atras y se convirtio en piedra , creo que comoseres humanos debemos reciclarnos y pensar en salir y buscar en este atolldero una luz que nos haga mas fuertes y listos ,el volver al pasado , aloque fue y nofue es llorar sobre leche derramada , gracias por su aporte

    • ¡¡De nada!! Solo cabe mirar a tras para ver donde pones el pie para coger impulso y arrancar hacia el futuro con más fuerza. Saludos y gracias a ti calzotada.

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